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¿Yahvé o Jehová?

El Yahvismo Religión y Política 1

Conviene aprovechar la coyuntura y dedicar algunas líneas más a la palabra que el narrador bíblico utiliza para nombrar a su dios. En su forma original está compuesta por las cuatro consonantes hebreas יהוה que en caracteres latinos y en grafía castellana equivalen a YHVH.

En realidad, hoy día nadie conoce la pronunciación exacta de esta palabra pues al paso de los siglos los judíos dejaron de pronunciarla debido a una interpretación literal del 4º mandamiento: “No usarás el nombre de Dios en vano” Para colmo el hebreo antiguo no usaba vocales de tal forma que la pronunciación original se perdió tal vez para siempre desde hace muchos siglos. No obstante, la mayoría de los especialistas han llegado a un consenso en el sentido de que Yahvé es la pronunciación más correcta pues al parecer el vocablo está de alguna forma ligado al verbo hebreo “ser”.

En las versiones protestantes de la Biblia suele usarse la palabra “Jehová”. Pero ese no será el caso en el presente trabajo pues corresponde, a juicio del autor, a un típico error de traducción. La explicación de este argumento es la siguiente: cuándo entre los hebreos se volvió tabú la pronunciación del nombre de su dios optaron por decir Adonaí (אֲדנָי) o “el Señor” cada vez que en la lectura de los textos aparecía la palabra יהוה.

Siglos después cuando se realizaron las primeras traducciones de la Biblia al alemán, los traductores protestantes decidieron mezclar las vocales de Adonaí con las consonantes YHVH dando lugar al vocablo Jehova (pronunciado como “Yehova”). Luego cuando la versión alemana fue transcrita al español, los traductores confundieron el sonido de la consonante germana j (que en castellano se pronuncia como “y”), con la castellana “j” y así surgió la palabra Jehová, la que es a todas luces un error de traducción tanto como gramatical.

**Este es un fragmento de mi ensayo sobre Religión y Política El Yahavismo**

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El análisis documental (fragmento de El Yahvismo)

El Análisis Documental

Religión y Política junio 2020

Ahora pasaremos a identificar uno a uno los diversos textos que aportan las diferentes fuentes de las que surgió el Antiguo Testamento.

El primero y más fácil de identificar es aquel que usa de manera reiterada de la palabra Yahvé para referirse a su dios. Conocido como el Documento J fue redactado con un estilo literario tipo épico que nos presenta un dios muy “humano”. Un dios capaz de experimentar ira, pero también compasión, que habla a los hombres de forma directa y los llama a entrar en comunión directa con Él en el desierto o la montaña (ver Gn 35,2). Sus autores profesaban un claro favoritismo hacia el cuarto hijo del profeta Jacob, llamado Judá, y sus descendientes (Gn 49,8). Hacen frecuentes referencias a la extensión territorial que el reino judeo1 alcanzó bajo la monarquía davídica (Gn 15,18). Todo esto parece sugerir que su redacción es muy antigua, alrededor del siglo X a. C., y es muy probable que su primera versión fuera obra de algún sacerdote descendiente de Aarón asentado en el antiguo Reino de Judá.

Conviene aprovechar la coyuntura y dedicar algunas líneas más a la palabra que el narrador bíblico utiliza para nombrar a su dios. En su forma original está compuesta por las cuatro consonantes hebreas יהוה que en caracteres latinos y en grafía castellana equivalen a YHVH. En realidad, hoy día nadie conoce la pronunciación exacta de esta palabra pues al paso de los siglos los judíos dejaron de pronunciarla debido a una interpretación literal del 4o mandamiento: “No usarás el nombre de Dios en vano”

Para colmo el hebreo antiguo no usaba vocales de tal forma que la pronunciación original se perdió tal vez para siempre desde hace muchos siglos. No obstante, la mayoría de los especialistas han llegado a un consenso en el sentido de que Yahvé es la pronunciación más correcta pues al parecer el vocablo está de alguna forma ligado al verbo hebreo “ser”. En las versiones protestantes de la Biblia suele usarse la palabra “Jehová”. Pero ese no será el caso en el presente trabajo pues corresponde, a juicio del autor, a un típico error de traducción. La explicación de este argumento es la siguiente: cuándo entre los hebreos se volvió tabú la pronunciación del nombre de su dios optaron por decir Adonaí (ֲאדנָי ) o “el Señor” cada vez que en la lectura de los textos aparecía la palabra יהוה. Siglos después cuando se realizaron las primeras traducciones de la Biblia al alemán, los traductores protestantes decidieron mezclar las vocales de Adonaí con las consonantes YHVH dando lugar al vocablo Jehova (pronunciado como “Yehova”). Luego cuando la versión alemana fue transcrita al español, los traductores confundieron el sonido de la consonante germana j (que en castellano se pronuncia como “y”), con la castellana “j” y así surgió la palabra Jehová.

Retomado el análisis documental; la segunda fuente de textos bíblicos es la que identifica al dios hebreo con el nombre Elohim, motivo por el cual se le conoce como Documento E. A diferencia del Documento J, el Documento E nos presenta un Dios todo poderoso, distante y poco compasivo que solo interactúa con los hombres por medio de sueños o a través de los ángeles (Gn 28,16) y que exige ser adorado en los santuarios ancestrales de Bet-el y Siquen (Gn 31,13) en la parte Norte del país. En contraposición al Documento J, el Documento E expresa una evidente predilección por el reino de Israel y por todo lo relativo a las tribus del norte. En estos textos Judá apenas y merece mención alguna, en cambio los protagonistas son José, Efraím, Josué o algún otro habitante de la mitad septentrional del país. El autor del Documento E debió ser alguno de los sacerdotes de Silo cuya intención era mostrar a un dios inhumano al que hay que temer antes que amar. El Documento E exhibe un estilo moralista y su redacción debió ser muy posterior al J, al parecer entre el siglo IX y VIII a. C.

El tercer conjunto de textos es conocido como el Documento D y podemos afirmar casi con toda seguridad que fue elaborado en Jerusalén entre el 650 y el 621 a. C. durante la reforma religiosa del rey Josías de Judá. Se le llama Documento D porque se basa principalmente en el libro de Deuteronomio. Su estilo es eclesiástico, por lo que podemos decir que fue escrito por sacerdotes cuya prioridad era preservar la ortodoxia y centralizar la religión en el Templo de Jerusalén (Dt 12,1-7). Sin duda tratando de establecer un puente entre el J y el E se refiere a su dios con el nombre dual de Yahvé-Eloheinu. Su estilo literario es muy pobre, básicamente es una recopilación de estatutos y normas que a veces suenan repetitivos y obsesivos con los detalles del ritual.

Finalmente hay un cuarto conjunto de textos conocido como el Documento S, o Sacerdotal. En todos sus textos el Documento S exhibe un estilo claramente impersonal, casi obsesionado por las estadísticas, las genealogías y los rituales. Fragmentos suyos aparecen en el Génesis y en Levítico. El Documento S evita en todo momento el uso del nombre propio de Dios, lo que sugiere que es de manufactura mucho más reciente que otras partes de la Biblia (de tiempos cuando el tabú sobre la pronunciación del nombre santo se había extendido ampliamente). Debido a esta característica, a su pobre estilo literario y a su tendencia a realizar extensas y detalladas descripciones de los aspectos más insignificantes del ritual podemos decir que muy probablemente fue escrito hacia la época del retorno del Exilio Babilónico, es decir alrededor del sigo V a. C.

La conclusión que se extrae luego de analizar estas fuentes es que cuando el Reino del Norte (Israel) fue destruido y el Reino de Sur (Judá) perdió su independencia los escribas y sacerdotes sobrevivientes rescataron fragmentos de todos los documentos que pudieron encontrar, independientemente de su procedencia. Luego los mezclaron y trataron de conciliar las diferencias. Así fue como le dieron forma a lo que nosotros conocemos como la Biblia. No fue de modo alguno una empresa sencilla y durante el prolongado periodo que tomó su redacción surgieron muchas escuelas y tradiciones de escribas, de las cuales la más importante para fines de investigación es la de Masoretas o escribas rabínicos. Desde los tiempos de la Diáspora hasta la invención de la imprenta los masoretas trabajaron en copiar a mano y de la forma más fidedigna posible los antiguos textos. Su monumental trabajo resulta invaluable para todo aquel interesado en estos temas.

Este es un fragmento del libro Religión y Política 1, El Yahvismo escrito por Oswaldo Aguilar Castro.

Oswaldo Aguilar Castro

Oswaldo Aguilar Castro

Totenyo Totauhca Mexicah

México Tenochtitlán, calpulli de Zoquipan

Twitter: @oswaldoaguilar

Instagram: @oswaldo.aguilarescritor

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La corrupción ¿Una consecuencia del racismo?

El racismo y la corrupcion

A menudo se dice que el mexicano es corrupto por naturaleza. Incluso algún prominente político dijo que “era parte del sistema”, que resultaba indispensable para que la sociedad mexicana funcionara.

La cuestión de si es o no parte de la cultura mexicana excede las capacidades del autor de este texto. Por ello no vamos a discutir ese tema.

Lo que si voy a hacer es hablar sobre los antecedentes históricos de la corrupción y como es que llegaron hasta del México moderno a través de un proceso de siglos.

Los más simplistas llevan el asunto hasta la época de la Colonia, argumentando que la corrupción era desconocida en el México prehispánico. Este argumento no solo es falso, sino que incluso tiene tintes racistas. El mito del buen salvaje ha formado parte del imaginario colectivo de los europeos desde la época clásica. Ya desde los tiempos de Aristóteles se miraba a los bárbaros (todo aquel que no fuera griego) con un dejo de condescendencia, considerándolos como inferiores en todos los sentidos.

Al inicio de la invasión española del Anáhuac este perjuicio estaba muy extendido. En gran medida gracias a la educación cristiana que veía en los indígenas un eco de Adán y Eva en el paraíso antes de ser corrompidos por el conocimiento. Por ello muchos de los conquistadores y misioneros consideraban a los indígenas como “menores de edad funcionales”, criaturas semi humanas, seres condenados al servilismo por ser apenas superiores al resto de los animales. De modo que esta visión de que todo lo relacionado con las civilizaciones originarias es por natura “puro y bueno”, lejos de ser una inofensiva idealización es perpetuar un prejuicio racista y clasista, un mecanismo de discriminación.

Dicho lo anterior. Sabemos por las obras de investigación de diferentes especialistas que la educación en el México antiguo era un tema muy serio. En las escuelas de barrio (Telpochcalli) y las academias de estudios superiores (calmecac) se tomaba muy en serio el asunto del robo y se educaba a los jóvenes para evitarlo a toda costa.

Por ello la corrupción no solo era conocida, sino incluso tipificada como delito y duramente castigada. Cualquier gobernador de provincia o recaudador de impuestos que fuera encontrado incurriendo en actos de corrupción era castigado con la pena capital.

Ya en la época colonial el sistema español se impuso sobre la estructura social mexicana. Los criollos, los mestizos y los indígenas fueron sistemáticamente discriminados por los españoles peninsulares o gachupines. El origen de esta discriminación está relacionado con la guerra cultural que la Corona española desató en contra de judíos y moros desde la época de la reconquista y que luego fue extendida a los pueblos originarios de México (ver Mito de los Sacrificios Humanos).

Los Estatutos de Limpieza de Sangre que originalmente estaban destinados a erradicar la identidad de las comunidades judías y moras funcionaron tan bien que afectaron incluso a las comunidades indígenas y también a los mestizos y a los criollos.

El sistema español impedía que los no nacidos en la Península ocuparan cargos importantes en la Administración de las colonias. Pero la población criolla en el Virreunato de Nueva España no se quedó con las manos cruzadas ante este sistema discriminatorio. De modo que, como dice el dicho: “Hecha la Ley hecha la Trampa”. Así que surgieron todo tipo de mecanismos para falsear documentos o pagar una cuota para que esa regla no se aplicara. Así que muchos criollos pagaban un soborno, para poder acceder a los puestos públicos o a los cargos elevados del ejército. Esta forma de “inversión” era luego recuperada con creces al momento de ocupar la oficina.

Fue así como surgió la “mordida, el “moche” y la “tradición” que reza: “Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.

¿Es entonces el antiguo sistema discriminatorio español una de las muchas causas de la corrupción sistémica? La pregunta queda en el aire para que el lector saque sus propias conclusiones.

Oswaldo Aguilar Castro

Oswaldo Aguilar Castro

Totenyo Totauhca Mexicah

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Twitter: @oswaldoaguilar

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Religión y Política 1, El Yahvismo

El Yahvismo Religión y Política 1

El fin del presente trabajo es hacer un análisis objetivo, crítico, con un enfoque histórico y político del desarrollo de las religiones monoteístas.

Va dirigido a un público poco acostumbrado a hablar de temas tan escabrosos como la explosiva mezcla de religión y política. Pero que hoy más que nunca necesita saber más al respecto y cuestionarse a sí mismo.

Oswaldo Aguilar Castro

Totenyo Totauhca Mexicah

México Tenochtitlán, calpulli de Zoquipan

Twitter: @oswaldoaguilar

Para leer más: Religión y Política 1, el Yahvismo.

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El Yahvismo

El Yahvismo Religión y Política 1

Para un pueblo oprimido siempre habrá un dictador, para una nación con espíritu humilde siempre habrá un Libertador, para una sociedad sin principios sólidos siempre habrá un caudillo.

Escribo esta obra en la ciudad de México en el año 2020. La coyuntura no podría ser más conveniente, o inconveniente, según se desee. Gobierna mi país un personaje mesiánico, una persona profundamente ignorante de la historia y sumamente incongruente. Un hombre que se llama a sí mismo “Juarista” pero que todos los días tiene versículos bíblicos en la boca. Que desde su púlpito instalado en palacio Nacional miente, difama y amenaza con cooptar la libertad de expresión, con desaparecer el estado laico y la misma democracia como institución. Un especialista en auto victimizarse y en lograr que el debate siempre gire alrededor de él y de como todo es culpa de los otros.

Sin embargo el personaje en cuestión no es sino un arquetipo del mexicano común. La gran mayoría de los ciudadanos de mi país se parecen mucho al presidente que actualmente ocupa el palacio nacional. En general los mexicanos somos personas poco educadas, menos instruidas, intolerantes y contradictorias. Nos gusta el papel de víctimas y nos aterra hacernos responsables. Y a pesar de que la gran mayoría se considera seguidor de alguna de las muchas corrientes de alguna de la religiones abrahámicas[1], la realidad es que muy pocos conocen el origen y el proceso de desarrollo de estas.

Mi propia familia es un ejemplo. Casi todos son católicos y casi todos lo son por mera herencia familiar y no por decisión propia. Es por eso que decidí escribir este texto. Mi intención no es aleccionar ni mucho menos evangelizar. Tampoco satanizar ni condenar. Por eso este texto ha sido escrito con un sentido laico a pesar de que habla sobre temas religiosos y políticos. Espero que las personas que lo lean tengan un ánimo tolerante y estén dispuestas a adentrarse en cuestiones que usualmente son consideradas espinosas. Suerte.

Fragmento de Religión y Política 1 El Yahvismo

Más información: https://oswaldoaguilar.com.mx/book/el-yahvismo/


[1] Son las religiones monoteístas derivadas del tronco común de la fe del profeta Abraham. Oficialmente son el judaísmo, el cristianismo y el islam. Se considera que al menos el cincuenta por ciento de la población mundial practica alguna de estas religiones.

Oswaldo Aguilar Castro

Totenyo Totauhca Mexicah

México Tenochtitlán, calpulli de Zoquipan

Twitter: @oswaldoaguilar